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28 Oct 202120:49

Chisco García (3S Institute): “En sostenibilidad las empresas no están en posición de exponerse, pero lo están haciendo”

El ejecutivo, que ha trabajado en los últimos años para compañías como Inditex o Desigual, advierte de que la moda “le queda mucho tiempo para poder sacar pecho” en torno a la sostenibilidad.

28 Jun 2021 — 04:58
C. De Angelis
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Chisco García (3S Institut): “En sostenibilidad las empresas no están en posición de exponerse, pero lo están haciendo”

 

 

Pocos asuntos en el negocio de la moda han despertado un mayor consenso que la sostenibilidad. En los últimos años, grandes y pequeños, lujo y gran distribución, han incluido en sus discursos públicos expresiones como minimizar el impacto o avanzar en circularidad y han puesto nombre y apellidos a las materias primas y sus proveedores.

Pero, ¿cómo se define la sostenibilidad? ¿En qué fase está la moda en esta transformación? ¿Cuáles son los impulsores y los frenos para encarar el cambio? En este Insight Sostenibilidad: claves de la gran transformación, patrocinado por Ecolife by Belda Lloréns, repasamos todas las claves del gran fenómeno de la moda.


 

 

Con una extensa formación en sostenibilidad, Chisco García es uno de los principales expertos en sostenibilidad en moda en España. El ejecutivo ha puesto en marcha la plataforma 3S Institute, que se define como un think tank centrado en supply chain, sourcing y sostenibilidad, tras una larga trayectoria en compañías como Inditex, Desigual o Caramelo. A su juicio, la moda no está preparada para comunicar sostenibilidad y “le queda mucho tiempo para poder sacar pecho”. Además, el consumidor no es un verdadero driver: “hay una disfunción absoluta entre lo que el consumidor dice y lo que hace”, apunta.

 

 

Pregunta: Ahora que todo el mundo habla de sostenibilidad, ¿por qué se ha metido en la agenda del sector de la moda?


Respuesta: Por obligación, que viene por tres razones. Una es que las empresas han visto que los competidores han empezado a fomentar este tema. Otra es que, si realmente se han documentado, ven que nos viene una legislación encima, con lo cual es algo que está bien hecho por su parte. La tercera razón es que el consumidor lo demanda, aunque esto último no es verdad. La razón más técnica es la de compliance: es decir, para poder hacer bien las cosas. Al final, les estamos traspasando tanta responsabilidad a los proveedores que, en vez de trabajar, están haciendo compliance todo el rato para que nosotros podamos colgar unas etiquetas en las prendas. Cosa que no llega a ninguna parte.

 

 

P.: En el caso de alguno de estos ángulos que ha comentado, la sostenibilidad sería vista como una obligación y en otros como seguidismo del sector. ¿Cuántos lideran y cuántos son seguidores?


R.: Lideran los que nacieron como tales. Hablamos de Patagonia o de Ecoalf. Siguen liderando ellos porque han introducido la sostenibilidad en todas sus vertientes dentro de la empresa y son coherentes desde el principio. Es muy difícil que una empresa textil grande, de repente, pueda integrar todo esto de manera general, holística y coherente. Las empresas que he comentado antes son los líderes naturales de la sostenibilidad. Las grandes acaban siendo poco fiables en comparación con ese referente. Además, no sé si son escalables. Con Patagonia, por ejemplo, la facturación es mínima, al igual que Ecoalf. Que un H&M quiera ser Patagonia es complicado. Después, hay otras incoherencias que han surgido en los últimos tiempos, durante la pandemia. Por ejemplo, las dos grandes marcas americanas: una es Reformation y la otra Everlane. Han protagonizado escándalos por cómo trata a sus trabajadores, justo en un momento en el que empezaban a erigirse como líderes y luego cayeron como moscas.

 

 

 

 

P.: Fuera del mundo de los nativos sostenibles, ¿quién lleva la delantera?


R.: En este terreno, la empresa a seguir es H&M. Lo tiene todo muy bien integrado. Ataca por todos los flancos, tiene representantes en todos los departamentos, en todos los orígenes, en su producción, en retail, oficinas… H&M lo hace impresionante, y eso que por volumen es muy complicado, pero lo hacen muy bien.

 

 

P.: Amenaza para la reputación u oportunidad para abanderar la sostenibilidad, ¿cuál es el enfoque correcto?


R.: La sostenibilidad ya ha dejado de ser una oportunidad. Ha dejado de ser un valor añadido de la marca. Ahora mismo tiene que ser obligatoria y, además, tiene que ser intrínseca. Ahora, uno se tiene que rodear de profesionales y hacer bien las cosas y, sobre todo, no jactarse de nada. No hay que verlo como una oportunidad porque, por legislación, va a ser una obligación dentro de nada. Es mejor que no nos dediquemos a hacer colecciones sostenibles, sino a hacer una estrategia a cinco o diez años vista en la cual podamos cumplir con las cosas que nos van a pedir. ¡Que, cuando empiecen a mirar la trazabilidad, a ver quién lo va a poder cumplir! El enfoque correcto es el de la obligación de dos formas: una por compliance y otra por el mero hecho de sentirse obligado a hacer bien las cosas.

 

 

P.: La moda va asociada a menudo con lo fútil y lo artificioso. ¿Cómo puede la moda ser creíble en sostenibilidad?


R.: La sostenibilidad tiene tantas facetas, que es muy complicado hablar de ella de una manera tan simplista. Primero, hay que hablar de materias primas. Porque lo de diseñar de manera en la que ahorremos material ya se lleva haciendo desde siempre, básicamente por motivos de eficiencia. Entonces, la selección de materias primas es el primer paso y es muy importante. Algodón, poliéster, poliamida, viscosa… Con cada una de ellas puedes acabar comprando algo orgánico, pero con trabajo esclavo, como es el caso del algodón. O, en cuanto a la viscosa que viene de los árboles, no está controlado o trazado el que no venga de bosques protegidos. En el poliéster se ha detectado que fabrican botellas a propósito para hacer poliéster reciclado. Hay mano de obra infantil para sacar botellas para hacer el plástico reciclado. Hay tantas cosas, y sólo hemos hablado de materia prima. Seguimos con el CO2: cuando fabricas un tejido en Vietnam, lo mandas a confeccionar a Turquía…. ¿Sabe las vueltas que da una prenda de ropa antes de llegar a su armario? Esta es la segunda incoherencia. La tercera, la trazabilidad: la camisa que lleva ahora mismo es de popelín blanco y se la venden como de algodón orgánico. El proveedor, a día de hoy, sabe que el tejido es de algodón orgánico y controla más o menos que en el taller no haya niños. Pero, aunque sea blanco, se tiñe el tejido. A la tintorería no llega, que es el Tier 3, y no sabes si se están empleando químicos o mano de obra esclava. Sigo para atrás con el hilo: nadie tiene ni idea de dónde se ha hecho el hilo, dónde se ha comprado o dónde se ha tintado. ¿Quiere que le hable de la fibra? Ni idea de dónde viene la fibra. Volvemos al algodón: en el propio cultivo puede existir el trabajo esclavo.

 

 

 

 

P.: Otro eje de la sostenibilidad es la circularidad.


R.: Muchas marcas ponen contenedores de reciclaje, todo muy bonito… Pero, para que una economía sea circular lo que tienes que hacer es que tus residuos se conviertan en recursos. ¡Pero los tuyos! Es decir, si tú eres Coca Cola y haces botellas de plástico, tienes que recoger tu propia basura y volver a hacer plástico. No vale con que compres plástico reciclado. En moda ocurre lo mismo: si una empresa quiere ser circular tiene que haber recogido poliéster de los excedentes de sus retales de corte, de los excedentes de la ropa de segunda mano que le devuelven o de los stocks que quedan para rebajas, para luego llevarlo a otro sitio que, probablemente, esté lejos. Se necesita dinero y recursos para hacer esto. Y vuelvo a poner en duda la tesitura de mandar todo esto de arriba para abajo y lo que estás consumiendo en CO2. La circularidad es muy complicada y, a día de hoy, no hay investigación ni tecnología suficiente porque, por ejemplo, las prendas que tienen mezclas, que son la mayoría, no se pueden reciclar. La primera mezcla con la que no se puede reciclar es con la que tiene lycra y la mayoría de las prendas ahora tienen lycra. Por lo tanto, las prendas que tengan, ni que sea un 2% de lycra no se pueden reciclar. Y si su camisa es de algodón y poliéster o de algodón y lino, tampoco. Imagine los contenedores que recogemos en las tiendas de ropa usada. ¿Usted cree que puedan coincidir dos prendas iguales? Si la calidad no es la misma, el color es lo mismo y el algodón es lo mismo, acaban siendo aislantes térmicos para construcción o para los salpicaderos de los automóviles. Y eso no es economía circular, es reciclado. Y, por último y lo que al final va más en contra de la moda, es el consumo. La base más purista y la que defienden todos los entendidos en sostenibilidad es que no podemos seguir consumiendo de esta manera. Entonces, la moda está basada en algo que va totalmente en contra de este aspecto. Y, sobre todo, determinado tipo de moda. Es muy difícil encajar las dos cosas.

 

 

P.: Es usted muy crítico. ¿La respuesta es que la sostenibilidad no puede ser creíble ahora mismo?


R.: A día de hoy, no. Tiene que haber un cambio de paradigma. Digo que sí se puede hacer, pero tiene que haber ese cambio. No es decir soy sostenible, hay que estar preparado, tener recursos y tecnología. No es que sea crítico, soy positivo, pero haciendo bien las cosas. No es posible hacerlo de otra manera.

 

 

P.: Todo esto es sistémico, no es de una empresa en concreto, ¿no?


R.: Claro, no estoy hablando de una empresa concreta. Soy más crítico, por ejemplo, con Reformation, que dice una cosa y luego resulta que la primera sostenibilidad que no cumple es la social.

 

 

 

 

P.: ¿El consumidor no es driver de la sostenibilidad hoy en día?


R.: Para nada. Hay una disfunción absoluta entre lo que el consumidor dice y lo que hace. Y lo que te marca más la diferencia es que un consumidor que dice que quiere sostenibilidad a lo primero que va es al precio. No me puedo creer que alguien diga que quiere sostenibilidad y, luego, las colas están en Primark.

 

 

P.: ¿Y no hay una élite que sí lo quiere? Se suele hablar de los consumidores de los países nórdicos, la gente joven, etcétera.


R.: Para mí esto son clichés. Precisamente la gente joven no tiene dinero para comprar lo que ahora resulta que tiene que ser más caro por ser sostenible. Ese cliente no tiene por qué pagar los platos que hemos roto los que ya tenemos 40 años. Los jóvenes han convertido ser pobre en ser cool. Pero no es que no quieran tener un coche, es que no se pueden comprar un coche. Lo que veo entre gente de unos 18 años es que no les gusta estar uniformados, ven a las grandes cadenas de moda como nosotros vemos a El Corte Inglés y buscan cosas alternativas como la segunda mano. Pero no les hace más cool que sea algo orgánico, si es una marca que a ellos no les representa.

 

 

P.: En cualquier clase de universidad, los estudiantes probablemente dirían que prefieren moda sostenible. ¿Por qué pasa eso?


R.: Porque se ha convertido en una moda entre marcas y clientes, pero en una moda de boquilla para ambos. Antes de la pandemia fui a una feria en Londres llamada The sustainable angle, donde todas las materias primas son sostenibles. Allí, unas ponentes de Fashion Revolution se metieron con el fast fashion de manera muy hostil. Entonces, les pregunté de qué iban vestidas. Cuando una de ellas respondió pantalones de poliéster y todo lo demás que llevaba, el público no pudo aguantar la risa. ¡Y así con todo! Con toda marca que diga que es sostenible, me gustaría saber si conocen de dónde sale el hilo, por ejemplo.

 

 

P.: ¿Qué importancia tiene la trazabilidad?


R.: Es fundamental. Sin trazabilidad es imposible demostrar si se han hecho bien las cosas. Normalmente, se analiza el Tier 1: “En mis talleres no hay niños”, pero si les preguntas “¿Y en los talleres donde hacen los tejidos?” te contestan “No lo sé. Nunca fui” y lo mismo con los talleres donde tiñen el tejido, etc. La trazabilidad es tirar para atrás en la producción de un producto y saber todos los Tiers. De dónde vienen las materias desde un principio. Si no lo sabes, no estás haciendo bien tu trabajo. Imagine a un periodista que no sepa trazar sus fuentes de información.

 

 

 

 

P.: De todos modos, ¿qué sector es trazable? En los componentes de un coche, por ejemplo, no sabemos ni la mitad de su origen, ¿no?


R.: Justamente en otros sectores está mucho más constituido el tema de quién hace qué y, normalmente, son empresas en sí mismas. En moda, estamos hablando de una economía ciega de talleres. Igualmente, yo sólo conozco este sector a este nivel.

 

 

P.: Ha comentado muchos cuellos de botella de la sostenibilidad. ¿En qué lo hace bien la moda?


R.: Lo primero, en intentarlo. Cosa que está muy bien, aunque ahora parezca derrotista. Pero lo bueno es enemigo de lo perfecto, y lo perfecto es ser trazable. Lo bueno es intentar hacerlo, pero hagámoslo bien: rodeémonos de profesionales, invirtamos en tecnología. El error es que hemos convertido en un adjetivo algo que es un nombre. Me explico: no puedes ser sostenible, tienes que tener una cadena de valor sostenible, tienes que tener materias primas sostenibles, tienes que tener un sourcing sostenible. Y eso es un adjetivo. En cambio, nos estamos limitando a decir que somos sostenibles. Cuando lo emplees como un adjetivo, intentarás transformar todas las partes de tu cadena de valor en sostenibles.

 

 

P.: ¿El cuello de botella más importante es el tecnológico?


R.: Sí. Pero después está el del precio, que es un aspecto de oferta y demanda. Ahora, por ejemplo, ya hay coches eléctricos de todo tipo y precio. Cuando hagamos bien las cosas y no nos quieran cobrar el algodón orgánico a un 20% más o el poliéster reciclado en una prenda a 3 dólares más, podremos hablar de sostenibilidad. Al final, es oferta y demanda.

 

 

 

 

P.: Desde el punto de vista tecnológico, ¿cuáles son los puntos más importantes a desbloquear?


R.: El tema del ciclo de vida es importantísimo y es algo en lo que hay que invertir mucho. En el uso de plásticos y microplásticos hay que ver también en qué punto y de qué manera se puede incidir. Y, luego, si queremos ser circulares, tener en cuenta que no podemos hacer circularidad con determinadas mezclas porque todavía no está solucionado el que no se puedan aislar.

 

 

P.: Entonces, ¿esto no es ecodiseño?


R.: No, ecodiseño es diseñar un producto desde el principio para que las prendas vuelvan a ser sostenibles. Es algo en lo que yo no creo. Por ejemplo, si yo diseño una prenda en la que las mangas puedan ser desmontables. Hay una cosa que sí que está bien que es el hecho de diseñar con monomaterial, en lo que sí comulgo al 100%, porque eso sí se puede reciclar. Y, sobre todo, un concepto que utilizo yo que es el protocolo de fin de vida: que pienses, desde el primer momento en el que diseñas, en qué vas a hacer cuando esa prenda se acabe. Puede ser ropa o cualquier otra cosa que haya en tu entorno. Es un poco como la vida: por algún motivo, nunca queremos pensar en cuando acaban las cosas, en cuando nos morimos o cuando se acaba una relación. Nos mantenemos en el auge inicial. Al final, acabo admirando a la gente que prepara su funeral.

 

 

P.: ¿Haría falta un etiquetado específico para decir cómo se deshecha o cómo se recicla?


R.: Sí, claramente. Se tendría que hacer ya una hoja de ruta que explique qué se tiene que hacer con ese material o producto. Es lo que llamo el protocolo de fin de vida.

 

 

P.: ¿Y las marcas ingrediente? ¿Qué importancia cree que tienen?


R.: Esto a menudo son monopolios que tampoco me hacen mucha gracia. Lyocell es de Lenzing y era la única opción que había. Justamente he luchado mucho para que no hubiese monopolios en esto, y Tencel hacía que toda la viscosa sostenible sólo se la podías comprar a ellos. Ahora ya hay otras opciones, hay una india, una china, hay más.

 

 

 

 

P.: El algodón orgánico, por ejemplo, es como un ingrediente que se le pone a una prenda y da una cierta credibilidad. ¿Es una buena vía para comunicar o hacer más creíble la sostenibilidad?


R.: Es que no es una marca y, además, ¿cómo va a ser creíble si el algodón orgánico se hace en China en no sabemos dónde? Sinceramente, no lo veo. Y menos cuando conocemos su trazabilidad.

 

 

P.: La moda no está en posición de exponerse, ¿verdad?


R.: No, en sostenibilidad las empresas no están en posición de exponerse, pero lo están haciendo igualmente y no deberían.

 

 

P.: Esto recuerda al Dieselgate y los falsos bio. ¿Ve ahí un riesgo potente en ese sentido?


R.: No deberían exponerse de esta manera porque, a poco que rasquen, les va a caer por todas partes. Hay que hacer las cosas bien per se, no para sacar pecho. Nos queda mucho camino para poder sacar pecho.  Volviendo al compliance, en el briefing de 3S se explica cómo los compradores de las cadenas han ido trasladando esta responsabilidad a los proveedores y sacándosela de encima. Algo que me preocupa bastante. Esto tiene que venir de la proactividad y no cargarlo ni al supply chain ni a los consumidores para que paguen por ello. Tiene que surgir de las marcas, lo tienen que hacer bien. También hay que cambiar esa cultura de quemar etapas tan rápido para tener colecciones en la tienda cada dos semanas o revisar la cantidad de material utilizada para los envases. Esto también son cuellos de botella y graves.

 

 

P.: Para terminar con algo positivo, el coche eléctrico parecía algo imposible y ahora ya es mainstream. ¿Cuándo puede pasar esto con la sostenibilidad en moda?


R.: Le voy a poner un ejemplo mejor que el coche eléctrico. ¿Recuerda la gasolina con plomo? Cuando se dieron cuenta de que era una barbaridad, como el caso de la moda ahora mismo, la cambiaron a sin plomo. En aquel entonces, parecía que se iba a acabar el mundo, todos pensaban que tendrían que cambiar el coche o comprar filtros. Ahora, nadie se acuerda de que antes la gasolina era con plomo. Con la moda tiene que ser exactamente lo mismo. Integrar algo que es una evidencia, sin intentar vender filtros o coches nuevos. En moda tenemos que hacer las cosas bien, pero no para ponernos medallas, sino para ser consecuentes.

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