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22 May 201819:59

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Agustín García (AES): “La sastrería necesita aprendices, no hay paro y la edad media está en 55 años”

El sastre es miembro del comité del sello de artesanía de la Asociación Española de Sastrería, junto a Joaquín Fernández Prats y Marc Munill Bofill.

05 Abr 2018 — 04:50
S. Riera
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Agustín García (AES): “La sastrería necesita aprendices, no hay paro y la edad media está en 55 años”

 

Agustín García es de los pocos sastres en España con un método de trabajo completamente manual. Miembro de la Asociación Española de Sastrería (AES), García forma parte del comité del sello de artesanía, junto a Joaquín Fernández Prats y Marc Munill Bofill, con el que se quiere proteger y reivindicar la figura del sastre y del trabajo a mano. García, que aprendió el oficio de su maestro, explica que en España no hay formación específica y defiende que este es un sector en crecimiento, que seduce también a los millennial.

 

Pregunta: ¿Los millennial entran en las sastrerías?

Respuesta: En el último año y medio se ve gente joven que entra en las sastrerías para comprar su primer traje artesanal. Piden cosas diferentes a sus padres, claro, pero al final hacemos lo que nos dice el cliente, así que puede pedir azul y gris, pero también un pantalón más bajo de caja o pitillo.

 

P.: ¿Cómo es el cliente que acude a una sastrería?

R.: El cliente medio tiene entre 40 y 45 años, está bien establecido económicamente y tiene unos criterios estéticos clásicos. Después las características varían entre si se quiere un traje para diario o más exquisito.

 

 

 

 

P.: Hoy, con el boom del athleisure, parece que las tendencias del negocio de la moda van en otro sentido. ¿Les afecta?

R.: Sí es cierto que hay prendas que han caído en desuso, como el frac. Pero son las mínimas. Los abrigos, por ejemplo, continúan haciéndose, aunque no son tan habituales como los trajes. Pero más que la moda, quizás sea el clima el que no ayude en este sentido. En general, la moda no afecta, porque al final hacemos lo que el cliente solicita.

 

P.: ¿Tiene algún referente la sastrería española?

R.: Quizás sea Jaime Gallo, que falleció hace unos años. Él fue uno de los más reconocidos. También están los hermanos Mogrovejo o Ángel Collado, por citar algunos.

 

P.: ¿Por qué en la costura femenina hay grandes nombres reconocidos internacionalmente y en la sastrería masculina no?

R.: Por culpa de los sastres que no quisieron promover el oficio ni abrir talleres porque consideraban que no era necesario publicitarse. Ahora pensamos completamente lo contrario, precisamente para proteger el oficio.

 

 

 

 

P.: ¿Por qué es necesario ahora de un sello que garantice que un traje es hecho a mano?

R.: Porque no hay ninguna regulación sobre el oficio ni sobre el producto que se entrega al cliente. Quisimos crear un reglamento con unos mínimos para proteger al artesano y también al consumidor. Se trata de defender el trabajo: para que sea artesanal tiene que haber un sastre.

 

P.: ¿Una sastrería no implica de por sí trabajo a mano?

R.: Sastrerías como tales hay unas seiscientas en todo el país y, de estas, sólo unas cincuenta son artesanales. Y esto el cliente no lo tiene porqué saber. Hay muchas que dicen que son artesanales y en realidad no lo son. Con esta etiqueta, se da la garantía de que se cumplen unos requisitos mínimos. Tampoco hay, por ejemplo, una formación especializada de sastre.

 

P.: ¿Sólo la experiencia determina a un buen sastre?

R.: Normalmente el sastre debe pasar una prueba que consiste en el corte, en realizar una primera prueba en persona o en maniquí y en el afinado, es decir, traspasar los puntos al delantero. Aquí no se mide la estética, sino la técnica: se tiene o no se tiene.

 

 

 

 

P.: ¿Para obtener la etiqueta hay que pasar esta prueba?

R.: Le hacemos esta prueba y un seguimiento con agentes externos que nosotros mismos financiamos. Se mirar cosas como si el pasamán es industrial o no, si el forro es a mano o no, los cuellos o los bolsillos, entre otros elementos. Queremos fomentar un oficio que está en crecimiento y también que haya personas que quieran aprenderlo. Los aprendices son necesarios. Es un sector en el que no hay paro, pero donde la edad media está en 55 años.

 

P.: ¿En qué es mejor un traje hecho a mano que uno industrial?

R.: No es que una cosa sea mejor que la otra. Un Ferrari, por ejemplo, es muy buen coche, pero intenta meterte con él en una callejuela. Con el traje ocurre lo mismo: es bueno mientras cumpla con sus expectativas. El trabajo artesanal se valora en forros, ojales, el picado de los cantos o en el cuello, con puntadas irregulares. El cliente debe saber, por ejemplo, que necesitará un mínimo de tres pruebas.

 

P.: ¿Cómo se aprende el oficio?

R.: Como antiguamente, en talleres. No existen cursos de sastrería en España. En mi caso, tuve suerte que mi maestro me dio la oportunidad de aprender. Pero tener un aprendiz tiene un coste y aquí no hay ayudas. Pero en estos últimos meses, hemos empezado a abrir puertas para lograr una titulación oficial y ya hay dos escuelas de diseño en Madrid interesadas en el proyecto.

 

P.: ¿Es un negocio en crecimiento?

R.: Se observa un crecimiento de la demanda en sastrería artesanal e industrial. Próximamente, tenemos previsto lanzar un sello similar para poner en valor la sastrería industrial. Dentro de este ámbito también hay diferentes calidades con diferentes acabados y tampoco hay ningún tipo de reglamentación.

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