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03 Dic 202115:17

Adriana Esperalba (Bobo Choses): “Hay que acercarse a los niños, aunque no sean los que van a comprar”

La cofundadora y directora creativa de la marca barcelonesa de moda infantil sostiene que, en el sector, es indispensable seducir y gustar al niño, el verdadero protagonista tanto en el diseño como en la comodidad de la prenda. 

20 Oct 2021 — 04:55
Isabel Carmona
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Adriana Esperalba (Bobo Choses): “Hay que acercarse a los niños, aunque no sean el cliente”

 

 

Adriana Esperalba entró en la industria de la moda a través de la ilustración. La diseñadora, fundadora y directora creativa de Bobo Choses desde 2008, habla de la moda como algo ajeno a ella, algo a lo que no quiere adaptarse del todo. “Me he roto la cabeza para pensar en cómo romper los ciclos temporales de seis meses, esas prisas por sacar las nuevas colecciones…”, dice la creativa. Para ella, lo más importante es “hacer un producto bueno, un producto que dure”, sostiene.

 

 

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Moda infantil, un difícil juego de niños

 

 

Comenta que, cuando empezó sus andaduras en la industria textil, a través de un primer lanzamiento de camisetas gráficas infantiles con su compañera Laia Aguilar, la gente pensaba que estaban locas. “Era 2008, y estábamos en plena crisis, pero nuestra ropa gustaba; el público valoraba nuestro diseño, el color, los gráficos”, apunta.

 

Su primer designio profesional nació varios años antes que Bobo Choses, en 2005: Otto&Olaf, también creado de la mano de la ilustradora Laia Aguilar, fue un estudio de diseño gráfico en el que, según explica Esperalba, se dedicaba a proyectos más creativos que la publicidad, a lo que estaba acostumbrada tras graduarse de Elisava, la Escuela Universitaria de Diseño e Ingeniería de Barcelona. “Me di cuenta muy rápidamente de que eso no me gustaba”, sentencia la creativa, hoy instalada en Mataró.

 

Tampoco el diseño gráfico, por sí solo, le acabó enganchando completamente: “yo pensaba, ‘no sé si me veo haciendo logotipos toda la vida’”, recuerda. Más adelante, la maternidad le cambió la perspectiva del todo, y fue entonces cuando se lanzó a la moda, buscando algo “nuevo” entre las marcas españolas de niño.

 

 

 

 

Un año después de su nacimiento, Bobo Choses viajó a Playtime París, la feria de moda infantil celebrada en la capital francesa, que por aquel entonces sólo convocaba su tercera edición. Esperalba explica que no sabe cómo, pero que un distribuidor japonés se fijó en sus diseños, y se comprometió a gestionar la marca en su país. “Supongo que vio algo diferente”, comenta.

 

Desde el apartamento de su hermano en París, Laia Aguilar y ella comenzaron a recibir pedidos de distribuidores interesados en Bobo Choses, la mayoría de ellos internacionales. “Hay algo en nuestras campañas que atrae de un modo distinto en el mercado extranjero”, explica la diseñadora.

 

Durante varios años, nadie sabía que su marca era española y la mayoría de clientes la posicionaba en el norte de Europa. “Al principio no era así, pero poco a poco, se empieza a valorar más el made in Spain -asegura-; pasaron varios años antes de que comenzáramos a decir que éramos españolas”.

 

Desde entonces, comenta Esperalba, la demanda ha cambiado mucho, y con ella, Bobo Choses. Sus coloridos diseños están presentes en 45 países, a través de una red de más de seiscientos puntos de venta, gestionados por un equipo de casi cuarenta personas desde Barcelona. Más del 90% de la facturación de la compañía se genera en los mercados extranjeros. Incluso en España, las ventas suelen ser de clientes que vienen de fuera, turistas o inmigrantes. “La gente española que conozco me pregunta, ‘y esto, ¿cómo lo combinas?’”, dice.

 

 

 

 

 

La principal barrera para seducir al consumidor local es su precio, en una media de 50 euros. “Podemos diferenciarnos por diseño, originalidad y calidad; en cada colección, intentamos transmitir una historia que llegue al niño, que le hable”, señala.

 

Otro de los elementos que condiciona el precio son los costes de producción: “producir en cercanía no es lo mismo que producir en Bangladesh”, justifica Esperalba. Añade que, fuera de la Península, el precio no es un problema. “Estando al lado de Zara, es normal que nos consideren una marca cara, pero fuera, no es así para nada”.

 

“La dinámica de rebajas, la lucha por bajar los precios al mínimo… Se crea una necesidad de: tienes que comprar”, opina. Otro asunto que le preocupa son las campañas. “Me parece absurdo hacer sesiones de fotos serias con niños, los niños tienen que jugar”, apunta.

 

El último reto fue la pandemia. ¿Cómo saldrá la moda infantil de esta crisis? “Cada vez más, importan el upcycling y la sostenibilidad; sobre todo, la moda infantil debe ir siempre en esa dirección”, sentencia la directora creativa.

 

Frente a la creciente tendencia hacia el casual, Esperalba no se muestra intimidada: “Desde el principio hemos querido que nuestras prendas sean, ante todo, cómodas para el niño”, dice.   Por eso, los diseños de Bobo Choses se estructuran en base a un cuento, que acompaña cada colección y dicta los pilares estéticos y comunicativos de las campañas de los siguientes meses.

 

“Después, contrastamos el trabajo con los equipos de ventas y producción, pero el niño es siempre el protagonista, porque muchos de ellos tienen muy claro, muy pronto, lo que les gusta -reflexiona la empresaria-; es importante acercarse al consumidor final, por mucho que no sea quien va a comprar”.

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