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12 Abr 202118:03

Adriana Domínguez: “La dirección es alto rendimiento y quizás no todas queramos ser deportistas de élite”

La presidenta de Adolfo Domínguez opina que una solución para que las mujeres accedan a más puestos directivos sería incentivar el trabajo por resultados.

08 Mar 2021 — 04:50
Iria P. Gestal
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Adriana Domínguez: “La dirección es alto rendimiento y quizás no todas queramos ser deportistas de élite”

 

 

Es una de las pocas mujeres que lidera una compañía de moda en España y una rareza entre las empresas cotizadas. Adriana Domínguez es presidenta de Adolfo Domínguez, la empresa que impulsó su padre, y sostiene que no se ha encontrado barreras en su camino por ser mujer. “Depende de los valores y educación de cada familia: mi abuela, mi madre, mis tías y mis primas, han sido todas empresarias”, apunta la ejecutiva. Fuera de su entorno, reconoce que todavía faltan mujeres en los puestos de dirección y opina que una solución podría pasar por cambiar los procesos y trabajar por resultados. “Hay muchas mujeres que si tienen que escoger entre no poder ocuparse jamás de sus hijos o crecer profesionalmente, quizás no se comprometan -asegura-; si trabajas por resultados, cada uno puede ajustar su vida y establecer una conciliación mínima”.

 

 

Pregunta: Hay pocas mujeres en puestos de poder en el ámbito empresarial. ¿Por qué cree que ocurre?


Respuesta: De las barreras y frenos que tienen las mujeres para acceder a estos puestos hablamos mucho, pero también hay factores que debemos tratar con honestidad como es la decisión de optar o no a esos puestos. La alta dirección es como un deporte de alto rendimiento y quizás no todas queramos ser deportistas de élite. Conlleva mucho entrenamiento, esfuerzo, sacrificio y riesgo. Pero para aquellas a las que nos compensa, es una aventura.

 

 

P.: Además de haber pocas mujeres en puestos como el suyo, ¿se visualiza poco a estas mujeres?


R.: Mi impresión es que las mujeres que ocupamos puestos directivos tenemos más visibilidad que un hombre en el mismo puesto.

 

 

P.: El movimiento feminista ha sido protagonista en los últimos años en el ámbito político y social. En el ámbito empresarial, ¿aprecia una mejora del acceso y la visualización de mujeres en puestos directivos?


R.: En el entorno de las empresas cotizadas, los códigos de buen gobierno exigen una presencia mínima de mujeres en los consejos y, aunque a algunas les cuesta, van cumpliendo. En el caso de las consejeras delegadas, la generación de confianza es lo que marca la elección, pero si esa persona es además mujer, ahora mismo genera ilusión. El problema está en un lugar previo, en los comités de dirección, que son mayoritariamente masculinos y que suelen acabar propiciando un consejero delegado masculino. ¿Cómo podemos cambiarlo? Trabajando por resultados. Hay muchas mujeres que si tienen que escoger entre no poder ocuparse jamás de sus hijos o crecer profesionalmente, quizás no se comprometan. Si trabajas por resultados, cada uno puede ajustar su vida y establecer una conciliación mínima. La flexibilidad horaria no sólo es el marcar tus tiempos, sino también las horas a las que se agendan las reuniones.

 

 

 

 

P.: ¿Cómo ha afectado el Covid-19 a esta tendencia? ¿Hay un riesgo de que el aumento del poder femenino en el ámbito empresarial pierda empuje?


R.: Sí, según quién y dónde. Tradicionalmente, las mujeres nos ocupamos más de los cuidados. En todas aquellas profesiones en las que es necesaria la presencialidad, las mujeres se han visto afectadas durante la pandemia. Pero también ha impactado positivamente en todas aquellas que pueden trabajar a distancia.

 

 

P.: ¿La desigualdad tiene consecuencias económicas en la empresa?


R.: En el caso de una compañía como la nuestra, en la que existe una amplia mayoría de mujeres, yo diría que no, porque esa desigualdad no existe. Las mujeres representan el 64% de nuestro comité de dirección. A veces debemos incluso cuidarnos de lo contrario, de mantener la mirada amplia. La diversidad es enriquecedora porque permite tener más ángulos de visión para resolver los problemas de la sociedad, que es, en el fondo, a lo que nos dedicamos las empresas.

 

 

P.: ¿Qué medidas tienen que tomar las empresas para cambiar esta situación?


R.: Todo empieza desde el lugar de la conciencia. Es más fácil para una mujer ser consciente de que la desigualdad es un problema. Todos somos más conscientes de los problemas que nos rozan. Hay una transformación clara en aquellas empresas en las que hay mujeres líderes, sea cual sea su cargo. El cambio lo traen ellas mismas si están empoderadas. Es cuestión de justicia, de corrección.

 

 

P.: ¿Y los gobiernos?


R.: Yo creo mucho en la mentoría. Tener acceso a mujeres que sean un ejemplo a seguir, que han recorrido el camino antes que tú, que te ayuden a comprenderlo y que te den estrategias que les han funcionado porque este puesto no se parece a ningún otro.

 

 

 

 

P.: ¿Qué país y qué empresa son para usted un referente en empoderamiento femenino en el ámbito económico?


R.: Creo que España es un buen ejemplo. Tenemos un esquema de apoyo familiar cercano que puede estar presente en los años frágiles de los niños. En muchos otros países se vive más lejos de la familia, los horarios escolares son más cortos, y la ayuda es mucho más cara. Todo esto hace más complicado e incluso imposible conciliar.

 

 

P.: En moda en particular, la mujer es la principal consumidora y el grueso de las empleadas. ¿Por qué está en un segundo plano en la dirección?


R.: En Adolfo Domínguez, las mujeres estamos en el primer plano en la dirección. En otras empresas, puede haber hombres con prejuicios en la mirada, y que tengan el poder de no detectar y ver a las mujeres que los podrían acompañar. Y por supuesto, también es necesario que nosotras estemos dispuestas a adquirir el compromiso necesario para ejercer estos puestos.

 


P.: ¿Qué grado de desarrollo tienen el empoderamiento femenino en la moda respecto a otros sectores?


R.: La moda es un sector bastante avanzado porque está lleno de creativos, gente pionera que reinventa los códigos sociales.

 

 

P.: ¿En una compañía familiar es más difícil ser mujer directiva?


R.: Depende de los valores y educación de cada familia. En la mía, las mujeres, empezando por mi abuela y siguiendo por mi madre, mis tías y mis primas, han estado siempre presentes en el liderazgo de la empresa. Son empresarias todas.

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