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20 Sep 201702:12

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Abercrombie & Fitch: balance positivo de la apertura en Madrid

16 Dic 2011 — 00:00
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Álex Montera. Madrid.- La firma estadounidense Abercrombie & Fitch hace un balance muy positivo del primer mes y medio en funcionamiento de su primera tienda en España, ubicada en un palacete del siglo XIX en el exclusivo barrio madrileño de Salamanca.

“Las ventas van muy bien”, explica a Modaes Ana Fernández, manager del establecimiento que tiene Abercrombie en el Palacio de Aguas de Sevilla, ubicado en la esquina de la plaza del Marqués de Salamanca con la calle Ortega y Gasset, y que abrió sus puertas el pasado 3 de noviembre.

 

Fernández asegura que el desembarco de la enseña estadounidense ha sido “un boom” en Madrid y que existe un “gran interés por la marca”. “Los fines de semana y los días festivos se forman largas colas en el exterior para entrar en la tienda”, señala.

 

La manager subraya, además, que el establecimiento atrae a “todo tipo de personas”, desde “abuelas que compran para sus nietos, hasta madres e incluso jóvenes que vienen sólo con 20 euros y se compran una pulsera”.

 

La heterogeneidad de los compradores queda patente a los pocos minutos de entrar en la tienda. Efectivamente es fácil encontrar a gente de todas las generaciones, atraídas por el concepto cool que promueve Abercrombie. Un concepto que está presente a lo largo de todo el establecimiento, que ocupa las cuatro plantas del edificio, con una superficie de unos 1.150 metros cuadrados, además de un jardín de 700 metros cuadrados.

 

La enseña ha aunado en la tienda un diseño lujoso con la clásica iconografía de su estrategia comercial, basada en el culto al cuerpo y en la típica imagen popular de los college de Estados Unidos. Todo está cuidado hasta el último detalle, incluso la actitud de los dependientes. Como en todos sus establecimientos, los dependientes son jóvenes modelos que han sido seleccionados previamente. Guapos y sonrientes. Esa la aspiración de éxito que promueve Abercrombie y sus trabajadores la interpretan con convicción.

En la puerta de entrada de la tienda aguardan dos jóvenes que dan la bienvenida a los compradores. Van vestidos iguales, como el resto de dependientes, salvo algunas excepciones. Pantalones tejanos de pitillo y camisa a cuadros roja. Algunos llevan zapatillas Converse negras y otros chancletas. Los más frioleros un jersey azul y las menos una corta falda de tipo escocés.

 

A los pocos metros de entrar, hay una escalera donde aguardan otros dos dependientes. Allí encontramos otro sello distintivo de la firma. El único chico corpulento que enseña músculo, va sin camiseta aunque con una chaqueta encima. Le acompaña una chica, bien tapada. Ambos dan la bienvenida al comprador, diciendo al unísono en inglés: “Hey. What’s going on?” (Ei. ¿Qué sucede?). Ante todo, parecer felices.

 

La tienda está decorada como un palacio de lujo aristocrático, con una impresionante escalera de caracol cubierta por una alfombra roja. Los acabados están muy cuidados, repleta de plantas e impoluta. Un ejército de personas limpia continuamente el suelo, los maniquíes y los espejos. El jardín también está impecable. El culto al cuerpo queda de manifiesto rápidamente. Una escultura de un hombre musculoso se ubica en el hall de entrada, mientras que en toda la pared de las escaleras hay pinturas de hombres sin camiseta haciendo deporte.

 

También llama la atención la escasa iluminación de las distintas salas con prendas y complementos para hombre y mujer, así como el intenso olor a perfume y el alto volumen de la música. En ocasiones uno cree estar en una discoteca, repleta de dependientes sonrientes que se esfuerzan en contentar al cliente.

 

En las tres plantas comerciales del edificio hay una amplia oferta, desde prendas de tipo sport o más elegantes hasta un sinfín de complementos, como cinturones, bufandas, ropa interior, pulseras o perfumes. Por ejemplo, se pueden encontrar jerseys por 62 euros, camisas a 110 euros o chaquetas por 180 euros. Todas ellas con el inconfundible logotipo de Abercrombie.

 

A cierre del primer semestre, Abercrombie contaba con un total de 1.073 establecimientos en Estados Unidos y 59 fuera de su mercado local. La compañía se encuentra en pleno desarrollo internacional y se marcado el objetivo de alcanzar unas ventas de 7.500 millones de dólares en 2015, frente a los 3.470 millones de dólares que registró en 2010.

 

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