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Cremalleras Rubí, una histórica que sigue abrochando a los grandes de la moda

Benetton, Zara, Hugo Boss o Armani son algunas de las marcas cuyas prendas se cierran con Cremalleras Rubí, una empresa histórica del textil catalán. Fundada en la década de los veinte, la compañía está en manos de los trabajadores desde hace 25 años. En 2011, la empresa logró levantar un concurso de acreedores, el segundo en su trayectoria, y reorganizarse para continuar creciendo. Actualmente, el grupo cuenta con 2.000 clientes y produce 55,7 cremalleras al año, de las que exporta dos terceras partes.

 

En abril de 2011, Cremalleras Rubí salir de los juzgados tras alcanzar un acuerdo consus acreedores, que aceptaron una quita del 30% y la ampliación de los plazos a seis años. La compañía, que entró en situación concursal un año antes como consecuencia de la crisis económica, mantiene los pagos previstos en el convenio y continúa su actividad financiándose con fondos propios.

 

El presidente de Cremalleras Rubí, Rafael Barbé, ha explicado a Modaes.es que 2009 fue un año de inflexión. La deslocalización de la producción textil a lo largo de la década y la crisis económica de los últimos años obligaron a la empresa “a ajustarse a la nueva realidad”, subraya el directivo. Hasta 2009, la producción fue disminuyendo, así como la plantilla, que pasó de 184 trabajadores a tan solo un centenar. Actualmente, la compañía ha ido recuperando actividad y puestos de trabajado, hasta producir 250.000 cremalleras al día (55,7 millones de cremalleras al año) con 117 empleados.

 

Cremalleras Rubí trabaja de manera directa con las marcas de moda o con sus proveedores. Barbé calcula que la compañía alcanza una cartera de 2.000 clientes. La empresa exporta el 65% de su producción a 42 países. Los principales son los de la Unión Europea, Rusia, Magreb y México. El grupo también distribuye sus artículos en China e India, directamente a los centros de producción de algunos de sus clientes. El presidente de la empresa señala que “los países a los que enviamos la mercancía no son siempre la sede del cliente, sino donde tiene su estructura logística y de aprovisionamiento”.

 

Por el momento, la compañía no estudia abrir nuevos mercados, por el coste que comporta, sino afianzar y crecer en los que ya está presente. “Nuestro objetivo es ir ganando clientes en aquellos países donde ya estamos presentes”, afirma Barbé.

 

Las perspectivas de crecimiento de Cremalleras Rubí son “en positivo”, señala el directivo. El presidente de la empresa, que no ha querido avanzar el resultado para 2012, sí ha subrayado que será superior a los diez millones de euros que Cremalleras Rubí facturó en 2010, año en que solicitó concurso. La única incógnita que hace temer un descenso de las ventas a Barbé el próximo año es el “factor moda”, que las cremalleras dejen de ser una fornitura decorativa en las prendas para ser tan sólo un elemento funcional.

 

Historia de la compañía

Cremalleras Rubí es una de las compañías más antiguas dedicada a la fabricación de cremalleras, según recuerda su presidente, Rafael Barbé. La empresa se fundó en 1926 en la localidad barcelonesa de Rubí, donde todavía mantiene su sede y su única planta de producción. En la década de los treinta, la compañía británica Imperial Metalurgic Industries (IMI) compró la empresa y, al no tener experiencia en el mercado de las cremalleras, se asoció con uno de los líderes europeos en el sector, el fabricante alemán Opti.

 

La compañía se mantuvo al frente del mercado europeo hasta finales del los setenta, cuando irrumpió en gigante japonés YKK. La filial española suspendió pagos en 1981 y, cuatro años después, la compraron sus 256 empleados convirtiéndola en una sociedad anónima laboral (SAL). La empresa, que en 1996 recuperó el nombre de Cremalleras Rubí, es ya una sociedad anónima convencional, aunque “en espíritu” continúa en manos de sus trabajadores, señala Barbé.

 

El actual presidente de la compañía lleva vinculado a ella desde mediados de los ochenta. Barbé, que entró como el número dos de la empresa, accedió al cargo de gerente en 1994 y en el 2000 fue nombrado presidente. El directivo fue uno de los que reorganizó la compañía hace 25 años y todavía hoy es un férreo defensor de mantener en manos de los trabajadores el capital de la sociedad. “La gente está mucho más implicada, forma parte de un equipo, y la empresa es más cercana al trabajador”, señala.